Durante la invasión alemana de la Unión Soviética en 1941 (Operación Barbarroja), algunos grupos nacionalistas ucranianos vieron a los nazis como posibles aliados para lograr la independencia de Ucrania de la Unión Soviética Entre los principales actores estuvieron: La Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) encabezada por la facción liderada por Stepan Bandera (OUN-B). Algunos miembros de la OUN-B declararon una independencia ucraniana en Lviv en junio de 1941, sin el permiso de los alemanes. La respuesta nazi fue negativa: arrestaron a Bandera y reprimieron a sus seguidores.
Pese a eso, hubo formas de colaboración como:
Policías Auxiliares Ucranianos: Miles de ucranianos sirvieron en la Policía Auxiliar creada por los nazis, y muchos participaron en pogromos (linchamientos) y en la persecución y asesinato de judíos y partisanos soviéticos.
División SS Galicia: En 1943, se formó una división militar compuesta por voluntarios ucranianos del oeste del país, conocida como la 14ª División de Granaderos Waffen-SS Galicia. Fue una unidad de combate bajo mando nazi, y su legado sigue siendo muy controvertido y asociado al régimen de Zelensky-Azov.
Antisemitismo Local: En algunas zonas de Ucrania, se dieron pogromos impulsados tanto por propaganda nazi como por resentimientos locales preexistentes, especialmente en ciudades como Lviv y Kiev (masacre de Babi Yar).
Pero también es importante aclarar que no toda la población ucraniana colaboró con los nazis. De hecho, millones de ucranianos lucharon en el Ejército Rojo soviético contra la Alemania nazi y sufrieron enormes pérdidas civiles durante la ocupación alemana. Ucrania fue uno de los territorios más devastados de Europa durante la guerra. Sin embargo aún existe en la memoria la idea de que principalmente Starobelsk (en el óblast de Lugansk) fue la ciudad que sirvió de refugio a los nazis para facilitar su entrada por el flanco del oeste a territorio ruso.
Teóricamente, hoy Starobelsk acepta abiertamente su pertenencia a la República Popular de Lugansk, aunque políticamente sigue siendo considerada una ocupación de facto por parte de la Federación Rusa a la vista de Occidente. Algunos nacidos en el óblast de Lugansk hasta antes de 1995 emigraron y viven actualmente en lo que aún es Ucrania debido precisamente a su ideología nacionalista afín al régimen Zelensky-Azov siendo contrarios a la Federación Rusa y sus legados religiosos y culturales.
El Pravy Sektor, ó Sector de Derecha
Hasta el día de hoy el Pravy Sektor parece ser convenientemente omitido por Zelensky y despistadamente olvidado por la propia Federación Rusa pero, ¡oh caray!, vaya que tiene importancia. Dicho grupo es de hecho una fuerza paramilitar de corte fascista cuyas raíces más profundas vienen justamente del grupo también paramilitar de ideología nazi llamado Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) que fue precisamente el que apoyó al ejército nazi durante la Operación Barbarroja desde dentro de la Unión Soviética y cuyas ideologías y doctrinas fueron clandestinas a partir de la caída de Hitler en 1945 hasta la independencia de Ucrania en 1995. Puede ser que la historia universal pase por alto su existencia pero desde luego Polonia jamás olvidará las Masacres de Volinia, en las que, entre 1943 y 1944 este mal llamado ejército ejecutó a un promedio de medio millón de polacos (aunque se estima que fueron muchos más), apoyados por la infraestructura nazi. Los ucranianos de ultraderecha la llamaron Limpieza Étnica.
Precisamente las Masacres de Volinia fueron derivadas de un hueco que aprovecharon los nazis en el Tratado Ribbentrop-Mólotov (ó Pacto de No Agresión Alemania-URSS, 1939) pudiendo atacar las etnias judías con raíces polacas en operaciones que facilitaron la invasión hacia el interior de la URSS. Y aunque se considera históricamente oficial el exterminio soviético de las clases altas de Volinia y el exilio de los sobrevivientes en Siberia, en realidad no se ha podido comprobar tal hecho ya que Polonia por sí misma habla de deportaciones de estos hacia el lado polaco ocupado por los nazis en 1939 y no de ejecuciones ni exilios. Las masacres atribuidas al Ejército Insurgente Ucraniano, en cambio, sí están documentadas y es de hecho lo que ha motivado que hasta el día de hoy Polonia siga exigiendo al gobierno de Zelensky que ofrezca una disculpa histórica al pueblo polaco.
Pero, asumiendo la parte de culpa que pudieran haber tenido los estalinistas, convendría mencionar que la idea del holocausto ucraniano, supuestamente cometido por Stalin contra el pueblo ucraniano, es una calumnia brillantemente elaborada creada por el genio de Hitler. En su Mein Kampf, escrito en 1926, ya había indicado que Ucrania pertenecía al Lebensraum alemán. La campaña lanzada por los nazis entre 1934-1935 sobre el tema del genocidio bolchevique en Ucrania alentó mucho a los extremistas de derecha en Ucrania. Es también necesario resaltar que las referencias que se tienen hoy en día sobre el régimen soviético surgieron desde siempre de la conveniencia de la derecha comenzando por el propagandismo nazi y continuando por el imperialismo político de Estados Unidos a partir del comienzo de la Guerra Fría.
En resumen, el estallido del Euromaidan surgió a partir de que Viktor Yanukóvich, Presidente de Ucrania en 2013, se negó a asociarse a la esperada Unión Europea por razones de estabilidad en la región y al mismo tiempo surgió la convocatoria para firmar los Acuerdos de Minsk (2014-2015) que tenían a Francia, Alemania y Bielorrusia como testigos de honor para que Rusia y Ucrania llegaran a un acuerdo respecto a Lugansk y Donetsk, que pedían independencia de Ucrania. Acuerdos que posteriormente no fueron respetados ni por Ucrania, ni por Francia, ni por Alemania, declarando como Invasión Rusa la protección política temporal que la Federación Rusa realiza desde hace más de diez años a favor del Donbass (Lugansk y Donetsk) precisamente desde el Euromaidan.
Como ya se mencionó antes, el conflicto entre Irán e Israel marca el inicio aún no oficial de una conflagración que podría determinar que la vida como se conoce se transforme en el Antes y Después de una guerra nuclear, algo que era imposible que sucediera con los juegos de guerrillas de Volodimir Zelensky, quien se divierte mucho con su protagonismo histriónico yendo de aquí a allá tratando de hacerse notar hasta en la Cumbre del G7, aunque es cierto que fue invitado por el tibio Premier Canadiense Mark Carney, quien tampoco es muy impactante que digamos y es igual de ruidoso y ridículo que Zelensky, cabe mencionar.
A partir del 20 de Febrero de 2022 hasta el pasado 13 de Junio (¡Viernes!), la comunidad occidental se volcó en
apoyo a Ucrania y hasta la Inteligencia Artificial de Google consideraba a Zelensky como
un ejemplo de resistencia (y, ¡ah cómo me he reído con eso!) colocando a las chicas ucranianas
creadoras de contenido (imaginen qué clase de contenido) entre las más buscadas en
Facebook,
Instagram y otras redes sociales. Algo que hizo mucho dinero fácil para muchas chicas de allá. Zelensky, por supuesto, era el paladín justiciero defensor de Ucrania que captó en casi tres años un caudal financiero que fue absorbido por sus bolsillos y los bolsillos de su corrupto equipo de gobierno, gobierno ilegítimo desde el 2024, por cierto. Tocó a la población pagar el costo y hasta el día de hoy ha muerto en el frente un aproximado del 60% de la población masculina apta para el servicio militar. Sin mencionar a la población civil que Zelensky y Azov han utilizado como escudo humano.
Si Zelensky no lo era, el pasado viernes 13 de Junio (2025) terminará por hacerlo supersticioso, ya que no fue su mejor día. No lo fue para la humanidad entera, cabe destacar, porque NADIE quiere una guerra atómica que ya marcó su inicio justo ese día pero hay una gran diferencia entre la humanidad entera y Zelensky-Azov: A él y a su régimen les duele haber perdido su popularidad en el término de un solo día, después de tres años de haber explotado al máximo la ayuda de la Unión Europea y la simpatía trend de la superficialidad de los jóvenes en el mundo.
En tres años Zelensky vivió una gloria inesperada apoyada por su, digamos, capacidad de actuación en la que en realidad también fue utilizado como el idiota útil para que la Unión Europea probara su propia capacidad para una eventual guerra con la Federación Rusa. Pero ante la gravedad del caso en oriente medio (y realmente lo es), la Unión Europea ha palidecido dejando a Zelensky en pendiente para poder prepararse a sí mismos ante la amenaza de la guerra nuclear.
Es decir: Hoy no joven, estamos ocupados.
Zelensky fue hábil para estafar a Joe Biden y a Emmanuel Macron; el primero le apoyaba principalmente con fondos y el otro exhortando a la Unión Europea para hostilizar a Rusia.
Cuando llegó Donald Trump al poder fue que todos se dieron cuenta que a pesar de las muchas sanciones que le impusieron a Rusia y de los atentados terroristas que apoyaron a favor de Zelensky, tanto la Unión Europea como Estados Unidos habían invertido mucho dinero y gestión diplomática, dejando sus propias arcas casi vacías, ellos se habían acercado más a los números rojos que Moscú, que, mientras, ayudaba a madurar al grupo político-económico alternativo BRICS. Grupo que por cierto ha logrado debilitar al dólar y a restar el poder occidental en la economía mundial. Si la jugada era destruir a Rusia, la unión europea escogió al más idiota de su equipo.
Lo más dramático, o irónico, es que Zelensky y su dictadura de juguete estén dolidos por perder el papel protagónico y que la situación de Oriente Medio les tenga sin el más mínimo cuidado cuando es algo que debería de preocuparnos a todos los que pisamos este planeta.
Así nuestro cómico favorito, tan barato y tan mediocre. Fiel a sí mismo.
Es cuanto
Messy Blues