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domingo, octubre 04, 2026

La guillotina de cartón

Las razones tras la decapitación simbólica de Felipe Calderón


En 2006 yo ni siquiera era izquierdista, de hecho yo había sido foxista en el 2000, pero en el inicio de las campañas electorales del 2006 me sentía defraudado por Fox, además de que Acción Nacional me había hecho una jugada digna de bastardos que, hasta el día de hoy, no les perdono. Pero el punto esencial fue que en esos días de hace veinte años yo me incliné por Andrés Manuel López Obrador por simpatía personal, ya que al tabasqueño lo conocía desde 1989, a través de Socorro Díaz. En sí, yo estaba realmente apático en todo sentido respecto a la política, debido a la gran decepción que menciono arriba.

A Andrés Manuel no lo conocía mucho en cuanto a carrera política pero sí como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México (en esos días Distrito Federal) y, si bien ciertas colonias antaño vistosas lucían con un tinte de excesos milennial como graffitis y tiranía LGBT (disculpen si lo digo de esa manera), el manejo de la economía y la infraestructura de la capital del país estaba siendo bastante aceptable.

Pero todos sabemos que la política es el arte de hacerse ricos tragando mierda sin hacer gestos y por supuesto que la izquierda e Andrés Manuel no contaba con la aprobación del poder detrás del PAN y del PRI como para permitir que el político de ideas rústicamente colectivistas llegara al poder y echara a perder 77 años de manipulación de gobierno. Y este es el punto de la decepción que muchos sentíamos en ese momento, porque seis años atrás habíamos votado por Fox precisamente para quitarnos la dictadura del PRI de encima.

Lejos de erradicar los males del PRI, Fox puso en práctica aquello de: Si no puedes con el enemigo, únete a él.

Pero sucedió lo impensable. Un desconocido de poco carisma y apariencia petulante (y cómica) ganó la presidencia en un México que ya daba por hecho que el también confiado López Obrador ganaría la contienda. Técnica y legalmente, hasta el día de hoy, es difícil (si no es que imposible) comprobar que hubo un fraude pero, en la lupa del sentido común y la inteligencia aplicada, seguro que lo hubo.

Fueron las acciones de entrada al principio del gobierno de Calderón lo que dejó aún más evidencias para quienes sabíamos leer entre líneas, como ganarse la simpatía del ejército y los cuerpos policiacos al mejorar sus salarios y prestaciones, previniendo un eventual golpe de estado. La cooptación de los medios de comunicación (con la servil ayuda de Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego) y el espionaje a líderes de opinión opuestos a él y al panismo en sí (así como la persecución política de muchos más), fue lo que distinguió de manera política social al michoacano.

En su afán por legitimarse, su carta más ruda fue declarar la Guerra al Narco, lo que, lejos de pacificar al país, lo envolvió en el torbellino de violencia que aún hoy seguimos viviendo. Por supuesto, Calderón no le declaró la guerra a todo el narco, sino al narco contrario a su bando. Algo que quedó fuera de la ilustración en el mensaje.

La otra decisión fue querer decapitar de una vez por todas a la hidra que podría amenazar dicho poder: el Sindicato Mexicano de los Electricistas. La Compañía de Luz y Fuerza del Centro era el referente más poderoso en cuanto a peligro inminente para él y el panismo en el poder y no era exactamente por los ejecutivos corruptos dentro de la empresa (que se la vendieron —políticamente hablando— por un puñado de pesos) sino porque los trabajadores podrían iniciar una revuelta con golpeteos constantes, amparados por su sindicato.

Sabía, Calderón, que entre el SME y el gobierno de Fox ya había cuentas laborales pendientes, pero más interesante resultaba la creación de las líneas de fibra óptica (en ese entonces el primer sistema de su tipo en el mundo) derivadas del ingenio de los becarios haciendo servicio social en Luz y fuerza del Centro. Calderón demostró dos cosas, su habilidad siniestra para manejar a sus adversarios políticos y un mensaje muy claro de que le importaba un carajo quién pudiera enojarse con él. Su necesidad de legitimación era para no dejar una invitación abierta a la sublevación social.

Lo que no calculó Calderón fue que, con eso, creó un enemigo que, en esos momentos indefenso, crecería lo suficiente para, primero castigar al PAN en 2012, y eventualmente alinearse a las huestes del pueblo resentido, muy similar (no completamente igual, acepto) al nacimiento del movimiento bolchevique de cien años atrás en la Rusia Zarista. Enemigo socialmente fuerte y políticamente poderoso que en ese entonces tenía un promedio de treinta a cuarenta con vástagos menores a los diez, y ahora cuenta con un promedio de cincuenta a sesenta y esos vástagos están entre los veintes y treintas.

Tras haber crecido en una economía destruida por Calderón, esa generación de millones de hijos de los ex-electricistas, muestra una buena parte de los votantes del partido oficial y desde luego no iban a perder la oportunidad de protestar contra el ex-presidente Calderón en su participación en el evento derechista llamado Foro América Libre 2026 y dejarle claro el agravio que, como el 2 de octubre, ya no se olvida. En este caso con razones de peso.

Pero esto merece un análisis más frío y profundo.

Hay eventos que no se explican por la coyuntura del día, sino por el peso acumulado de los años, como es el caso en cuestión. Lo sucedido el pasado 30 de septiembre con la protesta y la representación simbólica de la decapitación de Felipe Calderón, no es un hecho aislado ni una ocurrencia espontánea sino la manifestación de un volcán político que llevaba casi dos décadas en erupción silenciosa.

Para entender el acto —grotesco para algunos, catártico para otros— hay que alejarse de los colores y el ruido partidista e interpretar el mensaje de fondo que la izquierda social (no necesariamente la institucional ni la burocrática) le envía al país y al mundo.

2006 no ha cerrado la herida que no cicatrizó

Para un sector amplio de la sociedad mexicana, la elección presidencial de 2006 no fue simplemente una derrota electoral, sino el momento en que se fracturó la de por sí frágil idea de democracia. La percepción de fraude y la subsecuente crisis de legitimidad dejaron un agravio social que ni el paso del tiempo ni la alternancia del 2018 pudieron borrar por completo. La decapitación simbólica representa el juzgamiento popular que nunca ocurrió en los tribunales; es la condena a la figura que encarnó el inicio de esa ruptura.

La violencia como herencia; el costo de la Guerra contra el Narco

Más allá del conflicto electoral, el legado de Calderón está marcado por la citada estrategia de seguridad iniciada en su sexenio. El despliegue militar y la espiral de violencia que detonó dejaron decenas de miles de muertos, desaparecidos y familias económica y moralmente fracturadas. Para la izquierda social, este performance no es sobre la figura individual de Calderón, sino una protesta contra la impunidad histórica. La guillotina de cartón simboliza la exigencia de rendición de cuentas por las consecuencias humanas de aquella decisión histórica.

El mensaje al exterior, la izquierda de abajo no olvida

A nivel internacional, suele asumirse que la izquierda mexicana se reduce a la gestión gubernamental de la 4T. Sin embargo, actos como este recuerdan que existe una izquierda social autónoma, orgánica y movilizada, cuyos reclamos trascienden las agendas de los partidos y las mañaneras. El mensaje hacia afuera es claro, la memoria colectiva en México no la escriben solo las instituciones; la escriben la calle, el hambre y la necesidad de supervivencia y, en ese tenor, la factura del calderonismo sigue abierta.

Entre la catarsis y la descomposición del debate

Desde la independencia crítica, cabe preguntarnos, ¿ayuda la radicalización del lenguaje simbólico a construir justicia, o solo profundiza la polarización? Lo sucedido con la estatua de Calderón es muy similar al vandalismo ridículo de las feministas que quieren tirar el puto ángel, con la diferencia de que los extrabajadores de Luz y fuerza del Centro sí tienen razón. El punto sigue siendo, no obstante, el odio que orilla a la destrucción, mismo que deja un claro mensaje para esa ultraderecha que, en 2006, apoyó con todo su poder legal y clandestino para sentar al gris y pequeño Felipe Calderón en la presidencia, pero que sigue siendo odio y sigue siendo destructivo.

La efigie decapitada es un síntoma de dolor y rabia acumulados durante 19 años. Pretender reducirlo a vandalismo o fanatismo es ignorar las causas profundas de la indignación social. Sin embargo, el reto de la izquierda con vocación democrática sigue siendo transformar la catarsis de la plaza pública en instituciones sólidas, justicia real y memoria histórica, para que la rendición de cuentas deje de ser una efigie de cartón y se convierta en un verdadero Estado de derecho.

El relevo generacional y la pedagogía de la memoria

Muchas de las personas que hoy participan en estas movilizaciones o que consumen esta simbología eran, como ya dije arriba, apenas niños en 2006. Que esta narrativa siga viva 19 años después demuestra que no se trata solamente del resentimiento de quienes vivieron la elección, sino de una transmisión oral, cultural y de vivencias con el agravio. La izquierda social ha logrado articular 2006 y la violencia de la Guerra contra el Narco como la causa origen del México en el que crecieron. Entender esto permite ver que el fenómeno no es un exabrupto de nostalgia, sino la identidad viva de una nueva generación politizada en la protesta.

En julio de 2006 yo estaba muy enojado por el fraude. Viví veinte años con ese coraje atravesado y cada vez que veía a Felipe Calderón en fotos y/o videos le mentaba la madre desde lo más profundo, y no era, ni he sido, el único y eso quedó claro el pasado 30 de septiembre de 2026. La izquierda maduró y se hizo del poder pero Calderón y su partido no esperaban que ese agravio que dejaron implícito hace veinte años viniera a plantarles cara.

En lo personal creo que ese alarde de fuerza y violencia es comparable al vandalismo de las feministas de red social que salen a destruir sin una propuesta constructiva, pero la gran diferencia (una que ni yo como ciudadano que paga impuestos puede negar) es que los que en 2006 fueron despojados de su fuente de ingresos por una venganza política. La estatua cercenada es un símbolo y un testimonio de un poder que aplastó la voluntad del pueblo en esos días y, hoy, ese pueblo ha salido del cascarón para aplastarlo a él.

La caída y destrucción del monumento (por cierto creado por el propio Calderón) es una clara evidencia de que la mayoría de mexicanos no va a perdonar que el panismo apoyado por el priísmo haya hecho de México un país dependiente del mercado informal y las divisas provenientes de los Estados Unidos.

Es, la decapitación simbólica, un avance de lo que está por venir en cuanto a política y, de manera categórica, deja establecido que, a partir de 2018, será la mayoría de ciudadanos quienes decidamos el tipo de gobierno que vamos a tener, y no son exactamente la mediocre derecha del PRI ni la abierta ultraderecha del PAN.

Quedó claro, más que claro, que Felipe Calderón no es exactamente bien recordado.

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domingo, octubre 27, 2024

Calderón, La Impunidad y El Cinismo

Cuando la impunidad se refugia en España


Cierto es que me he definido como izquierdista y también como simpatizante de la llamada 4T encabezada por el ahora Ex-Presidente Lic Andrés Manuel López Obrador y no me deslindo de tal simpatía pero es cierto también que entre los muchos errores que pudo haber cometido durante su gestión se encuentra la tibieza de hacer justicia tal cual hacia los personajes que tanto dañaron a México, tales como Genaro García Luna y Felipe Calderón. No obstante, resulta que la Constitución Mexicana aún no tipifica los crimenes de Lesa Humanidad como delitos y los delitos por los que Calderón y García Luna pudieron haber sido juzgados prescribieron durante el mandato de Enrique Peña Nieto. Por todos conocido como un priísta cercano colaborador del panismo.

A García Luna lo tuvo que procesar la justicia de Estados Unidos, y lo hicieron bien, mientras en México no puede haber un proceso legal pero, sin insinuar nada y de hecho, otro gran delincuente probado como Ricardo Anaya es incluso senador. Hablando en una tónica sería, queda entonces en evidencia el hecho de que el PAN manejó las cosas a su manera durante doce años. Un proceso formal, del que queda clara su imposibilidad de llevarse a cabo y por qué, haría que tanto el PRI como el PAN se victimizaran y crearían un circo en el que se autodenominarían "Perseguidos Políticos", y no lo son, pero en lo personal me quedé con las ganas de ver a Felipe Calderón ser procesado por los delitos que todos, incluido él, sabemos que cometió siendo Presidente de manera ilegítima.

Yo no defenderé a Genaro García Luna, obviamente, pero ya quedó claro que el señor es un delincuente y su sentencia es más que clara e irreversible, y de los Gringos nadie se burla en esos términos (y lo sabemos). Pero es verdad que García Luna no fue el único delincuente emanado de la administración calderonista. Habría que revisar bajo lupa por qué pudiendo gozar de la protección de España, como lo hace el propio Felipe Calderón, su esposa Margarita tenga funciones de Diputado (así se dice). Tal vez, solo para estar al tanto de si se lleva o no secretamente algún proceso contra su ebrio marido, y de paso también ella.

Cierto es también que "El Fuero Cuenta" ya que, técnica y fríamente hablando, Margarita tendría que estar coludida al menos en la categoría de "Omisión y Encubrimiento", y tener la protección de ser funcionario puede facilitar la impunidad de la que ambos han gozado por ya dieciocho años. Digamos que es su manera de jugar ajedrez aunque con un costo algo alto (especialmente que, siendo panistas, defiendan la idea de "Familia Unida" estando separados).

Pero el punto es, ¿por qué la justicia mexicana se ha aletargado casi veinte años sin procesar a Felipe Calderón?. El michoacano se ha burlado de México desde que fue parte del gabinete de Vicente Fox (otro chistoso y ridículo personaje que también debe muchas explicaciones) y ha asumido que con el pueblo de México se puede aplicar un principio expuesto alguna vez por el alemán Dietrich Bonhoeffer sobre "La Teoría de la Estupidez" en el que se manifiesta que "A una persona estúpida es fácil controlarla valiéndose de su ego". De algo no podré culpar a Calderón: De no leer.

Felipe Calderón es parte de toda una red de saqueo y mafias que obtenía fondos directos e indirectos del, y a través, del gobierno aunque el proceso aún estaría sujeto a las leyes vigentes y su prescripción, pero la investigación de la que sí es aún objeto surgió de la Conferencia de La Haya, Tribunal Internacional, por delitos de Lesa Humanidad derivados de su pretendida "Guerra Contra el Narcotráfico" en la que cayó mucha gente inocente y fueron violentadas y desaparecidas muchas personas contrarias a Calderón (y al PAN) pero ningun criminal. "Daños Colaterales", les llamó de manera cínica ese señor Calderón.

Su guerra incluyó protección a ciertos grupos con quienes él llevaba, si no propiamente amistad o relación afectiva (que no se descarta), sí cierta lealtad por favores debajo de la mesa (protección y negocios de lavado de dinero, entre otras cosas) y para "Legitimar" su guerra cerró acuerdos con la delincuencia michoacana que a la sazón se mudó al sur de Guanajuato (las ciudades de Acámbaro, Salvatierra y Celaya son claros ejemplos) con obvios objetivos de no desprestigiar demasiado a Felipe y al mismo tiempo dejar el claro mensaje de "Aquí Mandamos Nosotros". Tal poder concedido por el propio Felipe.


Felipe Calderón es una personalidad interesante. Cuando usurpó un cargo que NO ganó en 2006, obviamente fue cuestionado por la izquierda pero hubo más de un observador apartidista que coincidieron en el hecho de que Felipe Calderón sería más peligroso aún que el mismo Carlos Salinas de Gortari, y no les faltó razón. Lejos de poder calificar a Don Felipe de manera peyorativa, en realidad puede ser considerado como un verdadero genio criminal.

Existe una caricatura en la que visten a Felipe Calderón como un Pinochet moderno y mejor acierto no pudo haber. Felipe es un equivalente a personajes de la talla del citado Augusto Pinochet, Juan Domingo Perón, Adolfo Hitler, Benito Mussolini y hasta Joship Stalin. Felipe tiene la personalidad idónea que pudo haberse convertido en un dictador apoyado por patrocinio de la derecha estadounidense y europea pero curiosamente fue el activismo de la izquierda lo que le impidió llevarlo a cabo. Resulta divertido, digamos, que, en su cuenta de "X", Felipe presuma su apoyo a Ucrania usando la bandera de ese país en su Nickname justo cuando Ucrania ha probado estar dirigida por un idiota Pro-Nazi.

Algunos otros califican a Felipe precisamente de "Idiota" por el tipo de declaraciones que suele hacer y su consorte Margarita no queda muy lejos. Si bien es cierto que a título personal quien esto escribe opinaría que aún hay que tenerle miedo a Don Felipe Calderón, también es verdad que su comportamiento actual es muy parecido al de Adolfo Hitler cuando Berlín estaba a punto de caer en manos soviéticas, imaginando victorias que no existen.


En un resumen de ideas, la probable estupidez de Felipe Calderón, señalada por mucha gente (no por mí), intenta distraer los reflectores de algo que pide el pueblo: Su Cabeza. Cómo dicen en una trillada frase milenial de moda: "Al Final del Día..." ... Felipe Calderón debe ser enjuiciado al menos por los señalados delitos de Lesa Humanidad.

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lunes, octubre 07, 2024

Los Ricos También Odian

El Cártel de los Medios

A Rubén Albarrán, vocalista de Café Tacvba que es un grupo musical experimental, podría creerle su actitud Anti AMLO desde el punto de enfoque en el que él está obedeciendo a sus ideas, perdón por insistir en la palabreja, “Aspiracionistas”. Rubén es alguien que tuvo la suerte de ser amigo de los otros tres cuando tenían la idea de hacer algo artísticamente diferente y alguien le educó la voz, él no sabía cantar y me consta, y de ahí brincó a la notoriedad. Pero Rubén es solo eso, un opinador Pro Televisa que quiso salir en la foto y mantener vigente su nombre. No así le puedo creer a Eugenio Derbez (nombre real: Eugenio Salas Derbez) cuyo cambio de apellido delata su necesidad de colgarse del globo para no caer en la bola de manzanas podridas fabricadas por Televisa en aquellos años ochenta, cuando la empresa era el Todopoderoso de la información, la música y las ventas y, si Raúl Velasco lo permitía, los artistas se hacían de fama y fortuna. Mala idea, creo yo, cuando la fama y fortuna de Televisa antes de Septiembre del 85 estaba creada sobre hielo quebradizo y, a la sazón y derivado del terremoto, no solo destruyó el legado de Escuelas como “Andrés Soler” o el INBA, también programó una dinámica de reciclaje que iba eliminando del aparador a todo aquel que tuviera arriba de treinta años.


Derbez nunca fue realmente un actor profesional, solo estaba en confianza entre productores y se sentía seguro de sí mismo y pudo adquirir fogueo ante cámaras pero lejos estaba de alcanzar una calidad tal como el citado Andrés Soler, Carlos Ancira, Héctor Bonilla, y muchos otros que hicieron la Época de Oro. Su humor es escatológico y bastante vulgar y podría estar a la altura de “Actores A la Gringa” como Adam Sandler, Will Ferrel y Ben Stiller, que requieren echar mano de la estupidez como herramienta y el humor de secundaria como recurso. Así pues es Eugenio Derbez, un sujeto dolido porque perdió la fuente de ingresos de sus pésimas películas: los fideicomisos de gobierno que Derbez no devolvía ni como fondo perdido (y se hizo millonario con estos).

No, definitivamente no es creíble que un sujeto que no se pone de acuerdo en si es actor o conductor y se ha hecho próspero a costa de fondos del erario, pueda opinar respecto a si la selva está siendo destruida o no. Derbez no dijo nada cuando las playas fueron privatizadas y también hubo mucho daño ecológico de por medio. Es obvio, Derbez sigue leyendo guiones y conduce sus vísceras en desquite por el dinero que ya no recibe y, más allá, su papel actual de “Odiador de López” es probablemente su mejor opción para sobrevivir gracias a los profundos bolsillos de Claudio X González y uno que otro millonario panista (lo siento, ya no quedan muchos priístas que valga mencionar ni siquiera como referencia antagónica). Derbez es un soldado al servicio de una esfera de gente rica que descansaba sus sueños e ideales en aquella Televisa del Tigre Azcárraga compuesta por gente bonita de Polanco, Condesa, y lugares VIP y en autos de ocho cilindros. Derbez sigue creyendo que sus discursos pseudo nacionalistas tienen un contexto real cuando él mismo es un patán que desprecia a la gente de clases trabajadoras.

Pero TV Azteca, o Azteca UNO, no es la honrosa excepción. Personajes como Manuel López Sanmartín que con todo su rencor espeta: “En la mañanera de López Obrador se decían diez calumnias y diez mentiras cada minuto” o Javier Alatorre asegurando que el contenido de los libros de texto eran de orientación comunista. Un par de pobres diablos colgados del dinero de Ricardo Salinas Pliego, antagonista reconocido de la 4T. Lo triste de todos estos personajes no es la carga de sus discursos sino la necesidad de mantener el oneroso salario a costa incluso de ser parte de una cruzada golpista. Ninguno de ellos, incluido Albarrán, abrió la boca cuando Fox, Calderón o Peña Nieto dieron severos golpes a la población y sus bolsillos, dañando incluso el patrimonio de la nación. No era parte de sus guiones.

Y en la primera división nos quedan personajes como Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda y Pedro Ferriz de Con en cuanto a periodismo artificial quienes, dominando el lenguaje adquirido por tomos de enciclopedia Salvat, malearon las frágiles mentalidades de una clase que no es ni media ni alta sino, ah qué terco soy, aspiracionista. Exhortaron al perfil ignorante de aquellos fáciles de convencer y convirtieron a Andrés Manuel López Obrador en un personaje de miedo, digno de ser odiado. Omitieron, desde luego, la parte en la que los bolsillos de estos comentócratas fue dañado cuando el gobierno retiró las jugosas propinas para expresarse bien del mismo. Fácil hubiera resultado que, como lloró Castañeda, la 4T hubiera “Apapachado” a ese sector pero eso habría ido en contra de los ideales. Se habría seguido cometiendo el delito de “Comprar Consciencias”.

Pero hay dos personajes aún más siniestros, entre algunos otros, como Lily Téllez y Kenia López Rabadán. Lily Téllez es de una peculiar historieta de sí misma luego de haber sido informadora sin ser periodista y posteriormente Diputada Plurinominal por la propia 4T, a la que luego dio la espalda para buscar mejores horizontes en el partido conservador (PAN) y en donde únicamente sirvió de Visigoda para acaparar la atención y así el partido citado pudiera tener protagonismo, pero Lily fue de un tropiezo tras otro y solo consiguió convertirse en "Un personaje pintoresco". Kenia por su parte, una abogada clasista y racista de hecho, fue el mejor sostén ideológico de Téllez haciendo las veces de “Golpeadora” con discursos dramáticos plenos de odio y resentimiento. Ambas señoras de perfil psicasténico que proyectan una alarmante frustración personal y un severo resentimiento hacia la gente de clases bajas, defensoras del modelo “Neoliberal” establecido por Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo y perfeccionado por Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto en perjuicio de la mayoría de mexicanos que aportan lo que sus reducidos ingresos generan en PIB y recursos fiscales para que esa élite pueda vivir cómodamente.

Le creo a Rubén Albarrán su idiotez natural, sin fingir, cándido como suelen ser los Nuevos Ricos. Del tipo de gente que ha podido viajar por todo el mundo pero de los que cometen los pecados en contra de cosas sagradas para otros países como comer pizza con piña, beber cerveza fría (para los alemanes eso es de mal gusto, por si no lo sabían), beber “Michelada” (también esto), beber café capuccino después de las once de la mañana y no distinguir entre ser rebelde y ser un "Anarquista Poser" por conveniencia. El Caballero solamente es un Yuppie viviendo su hedonismo. Le creo al vocalista de Café Tacvba su convicción para asumir que la 4T está destruyendo una selva que él en su pinche vida ha visitado, y le creo porque es del tipo de personas que encajan en el perfecto perfil de Alex De Large, creado por Anthony Burgues, un sociópata fabricado por medio del lavado cerebral. Derbez ni siquiera alcanza tal distinción. Derbez es un oportunista colgado del nombre de su madre, y el resto de celebridades mencionadas aquí son simplemente piezas de lujo en el ajedrez de un sistema de saqueo al pueblo que, con actual representación de Norma Piña, se niega a desaparecer.


Al final resulta patético, y hasta pavoroso, pensar que la otra opción sería como “La Mansión de los Tontos Pero Ricos” que trata de aplastar a la “Villa de Gente Que Sí Trabaja”. Algo pueril mi analogía pero, bien pensada, no resulta tan fuera de lugar. Así mis numerosos Derbeces en un margen de defensores de los privilegios privados y los muchos tontos de convicción genuina como Albarrán. Así las muchas Lily Téllez y las demasiadas Rabadán que tienen como misión revivir a un Prometeo que hace mucho dejó de responder al Doctor Frankenstein. Y el sesenta por ciento de votos en contra de ellos lo demostraron de manera apabullante.

Así mis personajes de cómic fascista.

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