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martes, enero 06, 2026

¿Venezuela Gate?


Venezuela-Gate; recordando a Vietnam

A criterio de quien esto escribe, Nicolás Maduro no parecía ser sino el simple heredero del trono de Hugo Chávez con todo y su jocosa manera de conducirse aunque de una manera más tibia y desangelada que aquel y, a juicio personal, no me impresionaba demasiado.

Por otra parte, Donald Trump siempre me ha parecido odioso, bipolar/voluble, narcisista y acomplejado. Nadie más que un buen hombre de negocios con más traumas que una niña interna en algún colegio italiano de monjas. En contraste con sus contrapartes políticos, nunca tuvo una educación ni actividad marciales o siquiera un buen nivel deportivo.

Nicolás Maduro y Vladimir Putin pertenecieron a sus respectivos ejércitos y son expertos en artes marciales. Xi Jinping, con una educación formal basada en diplomacia, no es menos —grado Dragón Dorado en Whu-Shu— pero él no perteneció directamente al ejército.

Pero algo que el mundo entero perdió de vista por muchos años fue que Venezuela tiene yacimientos de muchos minerales a los que Estados Unidos siempre ha hecho guiños. Rusia y China, en cambio, detectaron la ambición del Partido Republicano incluso antes de que terminara el siglo pasado.

Para nadie hubo señales de alarma salvo las constantes provocaciones de Chávez llamando demonio a George W Bush además de sus confrontaciones con el decorativo Rey Juan Carlos I (quien no sirve para maldita la cosa). Pero Rusia y China, sí que estaban al pendiente.

El reciente evento de alarde de poder por parte de Donald Trump —atacar Venezuela y secuestrar a Nicolás Maduro— era una jugada predecible para esos dos países, los que en el mismo momento tenían conflictos propios. China por Taiwán y Rusia por Ucrania, pero con razones diametralmente opuestas a las necedades, insisto, narcisistas de Donal J. Trump.

Válidas o no, las razones de China y Rusia animaron a Trump a aprovechar el ambiente hostil entre Europa del Oeste y Vladimir Putin para servirse del pastel, a sabiendas de que se manejaría el argumento de: Ni Putin ni Jinping tienen calidad moral para reclamar nada si ellos han invadido Taiwán y Ucrania. Con esto, Trump tendría adicionalmente un as bajo la manga para negociar territorio global.

Decepciones causadas las de Rusia y China al, aparentemente, permanecer impávidos ante el abuso de Trump en perjuicio de Venezuela y ello generó muchísimas críticas contra esos dos por su tibia protesta diplomática, y un miedo general entre las poblaciones latinoamericanas y de Groenlandia.

Al fin y al cabo Donald Trump había actuado como un abusivo escolar despojando al compañero más débil que tenía algo que él quería. ¿Habrá algo que pueda detener a ese monstruo? A este punto, Rusia y China quedaron como cobardes y la ONU quedó como un organismo inútil, mientras los gobiernos de Colombia y México quedaban posicionándose de manera defensiva. Y en panorama general, Cuba se definió como antagonista declarado.

Pero no hay lógica sin aritmética, dicen

Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña han antagonizado con Rusia y China desde el final de la Segunda Guerra Mundial (por eso existe la OTAN), especialmente porque en ese entonces Rusia lideraba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y por lo tanto representaba el lado opuesto del imperialismo de los aliados en Europa con Estados Unidos.

Mientras los Estados Unidos desarrollaban el Proyecto Manhattan, la Unión Soviética trabajaba en su Programa Soviético de Armas Nucleares y ambos se tenían la mira puesta. La parte más aguda comenzó cuando, en 1959, Estados Unidos creó el Proyecto Emily poniendo bases de misiles en Inglaterra y luego, en 1961, colocó bases de misiles Júpiter en Italia y Turquía; con la finalidad de tener a la URSS al alcance. Todo esto manejando de manera paralela la operación secreta llamada Mangosta en la que habían reclutado soldados desertores de Cuba para intentar derrocar el naciente gobierno de Fidel Castro.

En 1962 Castro y Nikita Jrushchov —líder de la URSS en esos días— acordaron colocar plataformas de lanzamiento de misiles en Cuba para disuadir a los Estados Unidos tanto de invadir la isla como de atacar a la URSS desde Europa (Operación Agregar). El resultado fue un acuerdo en silencio entre John Fitzgerald Kennedy, entonces presidente de los Estados Unidos, y Jrushchov para desmantelar tanto las bases soviéticas en Cuba como las que estaban en Turquía e Italia. Las operaciones posteriores dieron vida al famoso Teléfono Rojo con el que Washington y Moscú permanecieron en contacto directo durante la guerra fría. Aunque también le costó el empleo a Jrushchov.

"La URSS ve el bloqueo como una agresión y no instruirá a los barcos que se desvíen"

Esa fue la sentencia de la URSS ante el bloqueo naval estadounidense en Octubre de 1962 y el día 27 (de ese mes) derribaron desde Cuba el famoso avión espía llamado U-2. Después vino la famosa crisis de los misiles.

Acercándonos más en la parte siguiente de la historia tenemos la guerra de Vietnam, la más conflictiva y significativa del siglo XX. Guerra que comenzó justamente como fue el ataque contra Venezuela, sin previa declaración de guerra y eliminando objetivos civiles. La diferencia estriba en que en el caso de Vietnam había una enemistad poco diplomática implícita mientras Venezuela trató de entablar diálogos que Trump ignoró.

Por tal razón, Venezuela fue tomada por sorpresa, a pesar del previo bloqueo naval en el caribe. Esta operación tuvo un doble objetivo, debilitar el régimen chavista y asustar a los demás gobiernos de izquierda en Latinoamérica.

Lo que Trump planeaba, aparte de hacerse de los recursos de Venezuela, era frenar el avance de los BRICS, toda vez que el dólar va de bajada (recordemos que esa moneda está basada en la confianza y no en el valor real). Conjuntando tales objetivos primarios, Trump haría que el dólar fuera respaldado por el petróleo y al mismo tiempo disuadir a China y a Rusia de incrementar su influencia política y comercial en la región.

¿Por qué, si se supone que China y Rusia son naciones poderosas y no se asustan tan fácilmente?

China basa su política exterior en la diplomacia y el comercio con fuego a discreción enfrentando aranceles y tasas de impuestos menores que se le imponen en el mundo. Su poderío militar está sujeto a las normas internacionales que ha respetado hasta el día de hoy, y su fijación con Taiwán se debe a razones de seguridad nacional y política. Taiwán no está considerado aún como un país independiente sino como una provincia separatista lo que deja a la isla en una situación políticamente precaria. Al regresar a la administración China, Taiwán deja de ser una tentación para Europa y Estados Unidos.

Al igual que China, Rusia sustenta su política exterior en la diplomacia y, como ha quedado demostrado, su economía resiste los bloqueos que le ha impuesto la OTAN, ya que la ha basado en el negocio de la guerra. Un punto que nadie de los gobiernos anti-rusos calculó. Hasta el día de hoy su conflicto mayor es la presencia del nacionalsocialismo del régimen de Azov en Ucrania (no Ucrania per sé) y sus razones para oponerse a que Ucrania pertenezca a la OTAN son justificadas. La OTAN no tiene una función realmente sustentada en el progreso de la paz sino en el negocio europeo de guerra.

Luego entonces, la retórica del mundo occidental opina que Rusia es un estado terrorista que quiere apoderarse de Ucrania y China es lo mismo pero en perjuicio de Taiwán. Las letras pequeñas dicen que en realidad Rusia está queriendo erradicar el resurgimiento del Neonazismo banderista de Ucrania y China quiere hacer que Taiwán se recupere económicamente (y que no se convierta en un lastre futuro). De quererlo, Rusia y China habrían hecho con Lai Ching-te y Volodimir Zelensky lo mismo que Trump hizo con Maduro. Pero ni Rusia ni China están buscando sodomizar a esos países, como Trump sí lo está haciendo con Latinoamérica.

Lo que Trump calculó, y bien

El conflicto abierto entre la Unión Europea y la Federación Rusa por Ucrania se convirtió en (el intento de) una guerra de atrición contra el gobierno de Vladimir Putin que terminó dándoles la sorpresa de que este revirtió los daños e hizo crecer su poderío militar y armamentístico (en la que desde luego contó el apoyo de los BRICS, hay que destacar) —contra lo que Donald Trump pueda cacarear a los cuatro vientos, el ejército y las armas rusas superan al doble a Estados Unidos— pero su avance en medio de un conflicto de esta envergadura mantuvo su atención de sus recursos militares en el frente con Ucrania, mientras China tenía lo propio con Taiwán.

Ante este escenario, Donald Trump se basó en dos cosas claras: Ni Rusia ni China podrían reaccionar de inmediato y la opinión global sería de que ambos países quedarían como dictaduras reclamando por algo que ellos mismos estaban haciendo.

Con tal conocimiento de causa, y tomando por sorpresa a Maduro, Trump calculó el día y hora adecuados para no ser bloqueado en su plan. Cuando Maduro estuvo en suelo estadounidense, los únicos medios de reclamo podían ser diplomáticos y consiguió obtener la atención del mundo al mismo tiempo que generar miedo en la población civil de Latinoamérica.

El error de Trump

Donald Trump, como empresario, es uno de los mejores en el mundo (aunque esté rodeado de idiotas). Las jugadas empresariales de Trump le han permitido calcular las altas y bajas en las tendencias y en ese sentido los líderes Europeos son bastante predecibles. En cuanto a Xi Jinping y Vladimir Putin, Trump tuvo que manejarse a tientas con su discurso pasivo-violento elogiando y dialogando por un lado y agrediendo mediáticamente por el otro. Contó todo este tiempo con la paciencia a toda prueba de ambos presidentes.

Trump supo calcular el momento exacto para dar su golpe y aprovechó el momento de conflictos europeo y asiático para tratar de derrocar a Maduro (nótese, no dije derrocar, porque aún no lo ha derrocado, lo secuestró, que es diferente).

Su primer alarde de triunfo y poder tuvo el efecto esperado los tres primeros días después del secuestro, luego vino la realidad. Si en el caso de Venezuela le ayudó el factor sorpresa, ahora Trump ha puesto al mundo en guardia y, peor aún, tiene pocas razones para justificar su proeza (el congreso quiere un impeachment por destitución contra Trump, y esta vez es en serio). Sin darse cuenta quitó la atención del mundo sobre la OTAN, Ucrania, Taiwán y el conflicto global en torno a todo eso y debilitó aún más las posibilidades de que la Unión Europea se unificara contra Rusia.

Rusia y China, más capaces que bonitos

La pregunta de mucha gente pro Venezuela es: ¿Y por qué ni Rusia ni China hicieron algo para impedir el secuestro de Maduro?

Esa pregunta es justa toda vez que ambos países alardearon mucho de ser socios de Venezuela pero hay un punto que NADIE ve, o nadie quiere ver. De haber intervenido directamente con fuerza militar, cualquiera de los dos, o los dos, habrían establecido una declaración formal de guerra contra los Estados Unidos (que en parte era algo con lo que Trump contaba) y una guerra entre estas potencias habría establecido el inicio formal de la Tercera Guerra Mundial.

Sin embargo Trump se aplicó solo un revés. Si bien Rusia y China permitieron el zugzwang al no intervenir en la jugada del secuestro de Maduro también dejó al descubierto su verdadero juego que es el de tratar de bloquear a estos dos países y al mismo tiempo hacerse de poder en Latinoamérica extrayendo recursos y dominando gobiernos.

Como sucedió en Vietnam y en Afganistán; Rusia y China no intervinieron directamente pero asesoraron y fortalecieron a los gobiernos para devolver el fuego y, hasta el día de hoy, esas dos guerras son las dos más destacadas derrotas que ha tenido Estados Unidos.

Si tú pudiste, nosotros podemos

Aquí viene la reacción boomerang. En su momento ni Rusia ni China actuaron para evitar el secuestro y Donald Trump está alardeando y bravuconeando pero les ha dado luz verde a aquellos otros. Si Rusia se hiciera del poder en Ucrania y China de Taiwán, Estados Unidos no podría replicar diplomáticamente y, aún más, el poderío militar de Estados Unidos quedaría concentrado tratando de intimidar a Latinoamérica. Lo que a la postre lo convertiría en presa fácil de los otros dos.

Europa aprovecha

Mientras tanto, Francia y el Reino Unido hablan de crear centros militares en toda Ucrania, lo que equivale a un gasto militar enorme (a costa de los impuestos de sus ciudadanos) convirtiendo a sus naciones en blancos legítimos que la Federación Rusa podrá atacar. Esto parece irrelevante (y en contra de las capacidades de los rusos) pero lo que nadie pensó en su momento es que tras cuatro años de lisa el ejército ruso ya adquirió experiencia moderna de campo y además cuenta con aliados casi tan poderosos como Rusia misma.

El punto que todo mundo quiere ignorar es que la Federación Rusa NO quiere apoderarse de Ucrania, quiere erradicar al régimen usurpador de Azov (puesto ahí por John McCaine en 2014).

China por su parte es un país que de manera milenaria se ha caracterizado por la paciencia como virtud y no solo ha crecido económica y tecnológicamente, también ha desarrollado un poder militar que también ha superado al estadounidense (a pesar del discurso de Trump). Mientras Donald Trump ha hostilizado a Latinoamérica por diez años, China y Rusia han creado vínculos estratégicos en la región y, en su momento, esto va a representar un serio revés para el gabinete MAGA.

Dos frentes abiertos los de Trump

Donald Trump disfrutará su hazaña al menos todo este año, eso es seguro, y tratará de usarla como bandera para intimidar a los demás gobiernos de izquierda en Latinoamérica. Pero Trump no ha pensado en el frente que abrió dentro de su propio país.

A pesar de su discurso triunfalista, la verdad es que Donald Trump no cuenta con la aprobación mayoritaria de la ciudadanía de su país. El estado de California (al que ataca sin misericordia) y la Ciudad de Nueva York son dos arietes que representan la resistencia Anti-Trump y Anti-MAGA. Incluso mucha población conservadora desaprueba su gobierno. Esto es un indicador tal vez tímido pero mantiene la posibilidad de una reacción de levantamiento social.

El otro frente abierto es Latinoamérica y la población latina en Estados Unidos, que no es poca. El señor Trump no parece darse cuenta que, a estas alturas, se ha hecho de demasiados enemigos y eso no solo lo va a afectar a futuro a él sino también a toda persona vinculada con él. Bush, Clinton y Biden no gozan de mucha simpatía pero nadie se siente humillado por ellos (bueno sí, los musulmanes en el caso de Bush, perdón).

Ucrania, igual de peligroso

Otro detalle que Donald dejó olvidado por considerarlo poco práctico fueron las muchas promesas de supuesto apoyo al payaso de Zelensky con su juego de estira y afloja y el dictador de juguete ya demostró que también puede utilizar el terrorismo si sus intereses así lo requieren. Mientras a Maduro lo respaldan el honor y la integridad, a Zelensky no le respalda valor moral alguno.

Vienen días oscuros, eso sí

Pero desde luego los señalamientos de todo lo anterior son un mero placebo que nos hace sonreír por las estupideces de Trump. Todos sabemos que este año, al menos, será una constante entre la zozobra y la esperanza con un par de pendejos sueltos en el mundo: Donald Trump y el traumado Marco Rubio. Vance y los otros son burguesitos con complejo de europeos.

Es cuanto

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