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lunes, agosto 03, 2026

Las Industrias Rivera y su legado

Héctor y Enrique, creadores de un imperio (o, aclaraciones pertinentes de lo que dije y no dije sobre ellos)

Hace un tiempo, cosa de meses, estuve a practicar un repertorio que, como Hired Gun, tuve que repasar. En la dinámica estaba una persona —colega— que por años ha intentado hacerme sombra (díganme algo nuevo). Me conecté a un amplificador RIVERA, que son muy buenos, y comenzó a hacer comentarios en mofa. Uno de ellos fue:

—¡Mira, te queda mejor que bien!

El sujeto esperaba mi incomodidad y una tercera persona, la que me invitó, trató de suavizar las cosas pero sin mayor aspaviento miré el amplificador, sonreí y respondí sin calcular venganza, ironía o desquite.

—Bueno, eso es obvio, ese apellido es muy chingón.

Sinceramente mi respuesta fue bobalicona y sin coraje, solo por responder algo con un poco de arrogancia pero sin intención de fregar. Curiosamente el que se enojó fue él y me llamó de todo, desde mamón hasta narcisista. Si bien no tengo razones para ser narcisista, sí soy un tanto arrogante y medio mamón, eso es cierto.

Para nadie es nuevo que lo de Hendricks es un tributo a Jimi Hendrix, de quien tomé las bases para tocar la guitarra y el gusto por las Stratocaster, la verdad el asunto de un apellido es menor, especialmente si lo que yo hago es tocar la guitarra y OPINAR en temas varios. Que no son por fuerza una verdad absoluta.

Yo no soy periodista, empecemos con eso. Ni siquiera soy analista, comentarista o erudito (de no ser en cosas de guitarra, ahí sí me la pelan) y lo que yo escribo está orientado a la opinión personal. Las cosas políticas que publiqué en 2006 están basadas en datos y fuentes reales pero también hubo manos negras en el uso de mis espacios web; como son este blog, Salvatierra Mártir, La Maraca y Nothing but the Blues. Todos esos fueron idea mía, uno lo hice para mantener publicidad sobre mi música y los otros por expresión como ciudadano. Estudié, eso sí, un año de periodismo en la escuela de Alonso Sordo.

Pero no me saldré por la tangente.

De 2007 a 2009 este blog y el de Salvatierra Mártir tuvieron más de un columnista y estos a su vez podían publicar a nombre de cualquiera, con aliases y hasta con mi nombre y apareció un artículo en el que yo acusaba a mi propia familia de haberse apropiado de la fortuna creada por mi padre. Consideremos algo importante, eso apareció en el periodo en que tuve que regresar a la Ciudad de México a comenzar de nuevo y no me era sencillo ingresar a internet. Luego, el artículo estaba pleno de inexactitudes pero con nombres bastante reales. Me di cuenta del problema cuando una de las columnistas me señaló que yo me había excedido con ese artículo.

Aquí lo que sucedió:

Es cierto que en Salvatierra, Guanajuato; yo tengo mis enemigos (todos por mi cabello largo y por el asunto de la música) pero también tengo muchos amigos. El punto es que allá hay parientes y algunos de ellos tienen sus diferencias con los de acá de la ciudad. Uno de ellos filtró información falsa con las acusaciones que me atribuyeron a mí y, eventualmente, ese artículo perjudicó a uno de mis primos, cuya carrera de abogado no tiene tacha, y me consta. Claro, para el lector promedio, y el juicio general, el resentido social fui yo.

Eventualmente tuve un acercamiento con otro primo quien me reclamó ese artículo, le expliqué la realidad, al parecer me creyó, pero derivado de mi personalidad de músico de rock (cabello largo, idealista, etcétera) nos volvimos a alejar. Lo cual lamento bastante. El punto es que después de ese artículo no quedé cómodo porque tendría que reconocer algunas cosas que pocos saben, como:
1.- Mis tíos Héctor y Enrique, hermanos de mi padre, pagaron mi educación casi desde el jardín de niños.

2.- Mis primos, hijos de uno y otro, siempre se portaron bien conmigo.

3.- Si por dos personas tengo principios elementales de ética y honor, esos fueron mi abuela Pilar y mi abuelo Rafael.

4.- Si alguien me apoyó en todo, en los momentos en que enfrenté muchos problemas existenciales esa fue mi tía Reyna Estrada (esposa de mi tío Héctor). Ella se la pasó defendiéndome de todo el mundo cuando yo era realmente una bala perdida.

5.- Ambos tíos me enseñaron el concepto de leer y escuchar para aprender. Puede ser que mi ego sea algo inflado, pero también soy bastante autocrítico gracias a sus lecciones.

6.- Si a alguien les debo mi capacidad de aprender idiomas, es a ellos dos (y a mi tía Reyna).
Pero, ¿y por qué es importante?

Hace algunos años, probablemente ocho o nueve, alguien me puso un comentario como respuesta a un artículo que yo sí escribí sobre el ex-presidente Andrés Manuel López Obrador. En ese entonces se mencionaba de una propiedad de uno de sus hijos en Estados Unidos y obviamente mi artículo era a favor y defendiendo al político y el mensaje fue el siguiente:

"...eres un pendejazo. Tú no te vas a casar con una gringa, ¿eh?"

El tenor me trajo a la mente un comentario de ese primo citado arriba respecto a mis anteojos redondos y su insistencia a que yo cambiara de estilo:

"...John Lennon no va a reencarnar en ti, ¿eh?"

No me sentí insultado (en ninguno de ambos casos) pero eso me dejó con muchas preguntas. Por supuesto, yo no soy el primo cómodo ni el mejor portado, eso lo sé y siempre lo he aceptado pero también es verdad que siempre he caminado por las veredas complicadas tratando de mantener la integridad de mi forma de pensar. No, no soy nada formal para vestir (lo que no quiere decir que tenga mal gusto para ello) y no soy para nada diplomático ni complaciente (y mi tía Reyna me enseñó a ser YO) y desde luego yo soy UN MÚSICO DE ROCK. No estoy en el nivel de popularidad como para aspirar a un Grammy, pero músico sí soy.

Mi manera de ser y conducirme es complicada pero jamás he dañado a nadie y jamás le he robado a nadie, así que no tendría por qué avergonzarme de tener tal o cual apellido, pertenecer a determinada familia o de ser quien soy. Luego entonces, ¿por qué tal odio sin preguntar siquiera? Por supuesto lamento que este espacio hubiera servidor como canal para que otro pariente en tercer grado, y a través de alguien malintencionado en el staff, atacara a mi familia utilizando mi nombre y lo lamento en serio; pero también tengo derecho a ser escuchado. Oportunidad que ellos no me dieron.

No, por supuesto que no me voy a casar con una gringa ni John Lennon va a reencarnar en mí. Le sorprendería a mi primo mi forma de defender mi propia identidad. Se sorprendería al enterarse que los anteojos redondos, si bien inicialmente fueron en tributo a los Beatles, también tienen una base cultural en cuanto a la historia de las ciudades de Puebla (ellos saben por qué), Salvatierra y Chipilo. Los anteojos de esa forma eran utilizados por los académicos que heredaron las bibliotecas religiosas en los últimos años del siglo XVIII e inicios del siglo XIX. Los militares ilustrados los utilizaban un poco más ovalados para señalar que eran eso, militares con grado académico, y Zaragoza no miente.

Héctor y Enrique, mis tíos, levantaron un imperio que iba de la industria del café a la editorial. Ayudaron a mucha gente (yo incluido), hicieron a mucha gente y sacrificaron mucho de ellos mismos por el bienestar de otros. No diré que somos unos ángeles en mi familia —que también tenemos nuestro lado rudo— pero es cierto que algo distinguirá al apellido y se llama integridad. Que la gente diga y juzgue, la historia habla por sí misma.

Mi prima —hermana de aquel— también merece mi reverencia. Conmigo siempre fue una persona generosa, respetuosa y hasta cómplice cuando ambos éramos adolescentes. Está mi primo tocayo, excelente contador, y mis primos actores, pero en especial está la línea de familia que ni ellos ni yo vamos a poder renegar. Hubo un abuelo que a todos, a ellos y a mí, nos legó el honor, la integridad y la clase.

... aún si yo soy un ridículo greñudo.

En honor y memoria a mi tía Reyna Estrada

Es cuanto

Messy Blues

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