Translate

lunes, febrero 02, 2026

Ricardo Monreal: El Pragmatismo Como Estrategia Troyana

De aliado fundacional a factor de tensión dentro de MORENA
Una trayectoria que cuestiona la coherencia


Sería injusto no mencionar algunos breves —pero sustanciales— logros de Ricardo Monreal Ávila como fue la integración del enfoque al bienestar social en la política mexicana y que logró atraer el voto del mexicano que vive en el extranjero. Hubo más ciertamente, y no sería cabal no decir al menos que los hubo.

Pero el Diputado Federal ha caminado desde los quince años en la política mexicana siendo rechazado por las élites lopezportillistas (que incluían a Luis Echeverría y Arturo Durazo, entre muchos otros dinosaurios) que mantenían  a Ricardo Monreal como un marginado necesario. Es cierto que militó en el PRI por veintitrés años hasta que, cansado de ser visto como un simple agitador político dentro de su propio partido, se cambió a las filas del PRD. Dicho con toda franqueza, un partido fundado por resentidos del PRI.

Es decir. Monreal no encajaba con la pompa de apellidos de alcurnia del PRI, igual que nadie en el PRD, y cambió de filas desdeñado por los grupos de poder salinistas, zedellistas y delamadristas. Obviamente el PAN de Vicente Fox lo aceptaba aún menos en cuanto a impacto mediático, contrastando con el temor que Fox le tenía a la fuerza social que Andrés Manuel López Obrador ya traía consigo.

También en contraste con la postura del tabasqueño, Monreal siempre atesoró primero su propio beneficio y luego lo justificaba. Sus puestos en el gobierno, desde 1975, han sido lo que le ha procurado al diputado Monreal tener una fortuna nada despreciable.

Un detalle. Los políticos del PAN suelen rentar los recintos más caros de la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, León y Querétaro para sus eventos, discursos y reuniones partidarios; así como fiestas personales. Monreal es cliente asiduo del ExConvento de San Hipólito en la Ciudad de México —uno de los más caros en el país— para sus fiestas familiares. Los XV años de su hija aún tienen leyenda.

El detalle anterior es para ilustrar un poco la falta de lógica del discurso acostumbrado por el señor Monreal, El pueblo es primero, cuando sus bolsillos han crecido a la par de los políticos que su ideología, izquierda, dice combatir.

Pero sería mejor ver a Ricardo Monreal desde una perspectiva menos mezquina.

La primera lección tendremos que tomarla a partir de la situación morenista de la identidad, a mediano y largo plazo. Esto debido a que, al ver el potencial que MORENA tenía en 2015, muchos políticos de la rancia escuela se pasaron de facto a sus filas, igual que Monreal. La diferencia entre este y los fundadores de corazón  de MORENA radicó en que Monreal mantuvo una pata orbitando dentro de la actual oposición fingiendo pertenecer al ala izquierda de la política mientras los morenistas se levantaban para derrocar a dicha oposición (cosa que hicieron).

La incorporación masiva de muchos viejos lobos de mar a la nueva ola izquierdista, claramente triunfadora, trajo consigo las costumbres y prácticas de muchos políticos que sabían sacar partido de sus funciones, más no por ello cumplir con una verdadera tarea de gobernanza. Monreal es el arquetipo de ese fenómeno.

Monreal es uno de los más notorios políticos que, sin empacho alguno, han realizado giros copernicanos de ideología para mantenerse en el poder pues ha pertenecido a casi todos los grandes partidos del sistema que MORENA dice combatir, como el PRI, el PRD y el Movimiento Ciudadano. Su transfuguismo ha pasado por la vista de todo el mundo sin que alguien haga una sola observación.

Una pregunta legítima en el tema sería si Monreal es un transformador que encontró su camino, o si es un operador del viejo sistema que encontró un nuevo vehículo. A ojos vistas, es cierto que Monreal no se ha convertido en blanco de ataque de los idiotas que suelen inundar las redes sociales ni las plataformas en contra de MORENA. Su pragmatismo mercantil habla sin hacer ruido y consigue muchos trueques a cambio.

Prueba de lo anterior es que Ricardo Monreal permanece a cubierto dentro del vendaval mediático que se centra en dos direcciones bien marcadas, los derechistas que se van con todo contra Claudia Sheinbaum Pardo y quienes la rodean, contra los izquierdistas que, tiro por viaje, ponen en merecido ridículo a los derechistas. Aunque no por ello se les deba justificar.

Monreal, mágicamente logra salvarse del fuego a discreción y suele coquetear con las bancadas panistas y priístas mientras enarbola la bandera el oficialismo (pendejo no es). Su poder está demostrado en muchos rubros y áreas de influencia aunque se le escapó un poco la fiesta cuando impuso a la nefasta Sandra Cuevas en la Alcaldía Cuauhtémoc, quien heredó su poder a alguien aún peor, la también ultraderechista Alessandra Rojo. Ninguna de ambas habría podido aspirar a ello de no haber sido por Ricardo Monreal.


Pero el transfuguismo de Monreal, tanto el partidista como el ideológico no se juzga desde la perspectiva de su opinión propia sino del patrón que él sigue para ello ya que cada cambio coincidió con coyunturas de poder (gubernatura, senaduría y candidatura presidencial).

Esto no lo invalida en el sentido constitucional, pero sí lo sitúa en la tradición del político manipulador como la antítesis del militante de causa que predica MORENA. Como se sabe, Monreal es maestro consumado del lobbyist Interno utilizando el doble discurso y manejando la tensión interna.

Monreal emite constantes declaraciones públicas que matizan, critican o se distancian de las iniciativas centrales del gobierno (y la dirigencia nacional de MORENA) como son los casos de la Reforma Electoral, los  megaproyectos y el estilo de liderazgo. Y aunque la crítica interna es sana, Monreal no la ejerce en los foros partidistas, sino en medios masivos y en sus redes sociales.

Esto sigue el manual clásico de construir capital político propio diferenciándose del núcleo al que —se supone— pertenece y debilitando la unidad de acción. Es la táctica del político que se pone a la sombra del poder para negociar desde allí. Su influencia en el Senado para modificar iniciativas presidenciales es un hecho demostrable. Esto se concatena con el cacicazgo institucional construyendo la red de poder personal de Ricardo Monreal.

Su control del Senado y del proceso de candidaturas en 2021 le permitió colocar a allegados en posiciones clave. Desde las ya mencionadas Cuevas y Rojo hasta su hermano, sus hijos y colaboradores cercanos que consiguieron cargos de supuesta elección popular aunque en realidad fueron adheridos por la inercia de su infraestructura de poder.

Lo dicho en el párrafo anterior señala las prácticas de Monreal de clientelismo y nepotismo que MORENA denunciaba en su carrera hacia el poder. Monreal construye una plataforma de poder autónoma dentro del partido, lo que lo convierte en un jefe alterno con capacidad de veto. Pese a la imagen que Monreal ha vendido por años, su verdadera mecánica de trabajo sigue estando guiada por la escuela tradicional de la política, plena de manipulación, favores, trueques y, cuando son necesarias, traiciones.

Un proyecto de transformación requiere lealtad a las ideas, no a los caudillos internos y ese renglón no forma parte de la doctrina de Ricardo Monreal. Pero, más allá. En el caso de Monreal hay un conocimiento mañoso de chantajes y represalias clásico de los mejores tiempos del PRI y él cuenta con la ventaja de saber adaptarse a las tendencias. Supo brincar de la centro-derecha priísta al izquierdismo porril del PRD, y luego al izquierdismo contestatario de Andrés Manuel López Obrador.

El efecto desestabilizador de El Elefante en la Habitación que Ricardo Monreal utiliza actualmente, se debe en gran parte a su frustración de no haber sido incluido en la carrera presidencial del 2024, a la que aspiraba abiertamente y, como la dinámica sucedida lo demostró, quedó marginado por el proceso de selección en las encuestas que favorecieron, por mucho, a Claudia Sheinbaum.


La tensión que Monreal sostiene entre él y su partido tiene un fondo y tiene una forma. Especialmente siendo un político con su historial de ambición. Al ver bloqueado su camino máximo —al que al menos pensó que llegaría después de López Obrador—, Ricardo Monreal tuvo que hacer uso del conocimiento obtenido durante su carrera política previa y revisar sus opciones que eran, o sumarse lealmente, o convertirse en un factor de desestabilización disfrazada de equilibrio. Sus acciones posteriores después de perder contra Sheinbaum (críticas y distanciamientos) sugieren la segunda.

Ricardo Monreal supo convertirse en un excelente troyano dentro de MORENA creando un hilo invisible entre él y la oposición (conspiración discreta) y desde luego su motivación fuerte fueron sus intereses personales —poder, relevancia y legado— que ya no están alineados con el éxito unificado del proyecto.

Su racionalidad es otra, especialmente cobrarse la factura de haber sido funcionario tantos años. Concretamente, Monreal es el único dinosaurio abusivo tipo PRI, que supo integrarse a la evolución y el triunfo de la izquierda que, en su momento, fue el enemigo jurado del priísmo dictatorial. Al que Ricardo Monreal perteneció por veintitrés años.

Frecuentemente, Monreal apela al respeto a las instituciones, al equilibrio de poderes y al diálogo con los poderes fácticos como son los empresarios y la oposición tradicional. Esa habilidad funcionó muy bien en los años en que el PDR estuvo muy cerca del poder ejecutivo, pero personas como él consiguieron viciar el tubo de respiración ahogando a ese partido, del que Monreal huyó cuando comenzaba a hundirse.

La ironía interesante es que, por un lado, Monreal logró golpear a MORENA cuando metió las manos en las elecciones de 2021. Por otra parte, eso mismo lo puso en evidencia y eso mismo le hizo retroceder bastante ante la aprobación general de quienes luego votaron a favor de Claudia Sheinbaum. Hacia 2022, Ricardo Monreal ya había perdido el crédito de la gente que, tres años atrás, había colocado a López Obrador en la Presidencia de la República.

Dentro de su paja discursiva, Monreal insiste en la retórica medrosa del respeto a las instituciones, al equilibrio de poderes y al diálogo pero para un morenista base, la institucionalidad actual es justo lo que hay que transformar. El excesivo pragmatismo y la conciliación con las estructuras añoradas por Monreal puede diluir el impulso transformador. Monreal representa el ala que busca administrar y moderar sin profundizar el cambio.

Ricardo Monreal sabe manejar sus cartas pero, curiosamente, no dentro de MORENA sino fuera de MORENA. Conoce a la perfección las demasiadas debilidades de la oposición y sabe que todos ellos tienen un precio que él puede y sabe cubrir. Monreal sabe que tanto el PAN como el PRI están liderados por caricaturas de personas emocionalmente inestables con las que cuenta, como Jorge Romero y Alejandro Moreno y, mejor aún para él, también cuenta con el histrionismo de mitómanos narcisistas como Alessandra Rojo, Sandra Cuevas, Claudio X González, Lily Téllez y Kenia López Rabadán, entre otros.

No se acusa a Ricardo Monreal de traición a MORENA, sino de coherencia consigo mismo. Su trayectoria es la de un maestro del pragmatismo político en un partido que nació de principios de izquierda y este partido, MORENA, se enfrenta a su propia encrucijada.

Definitivamente MORENA tiene muchas ladillas en casa y al captar a los mejores operadores del sistema viejo, como Monreal, terminará realizando su última y más destructiva mutación.

Monreal no es un troyano enviado por la oposición; es algo quizás más complejo. Podríamos considerarlo como la encarnación de los vicios del antiguo régimen que aprendió a hablar el lenguaje de la cuarta transformación. Su presencia y fuerza cuestionan la capacidad de MORENA para renovar las prácticas y argumentar la ciencia de sus discursos.

Analizarlo con la razón es defender la idea original del movimiento de que el poder debe servir al pueblo, no a las carreras de sus operadores. El problema es que, el partido MORENA está demasiado ocupado en la promoción WOKE mientras sus militantes (y simpatizantes) responden pendejadas en redes sociales y, por tal razón, no han leído el mensaje de Monreal de que él es solamente un corsario que ha venido por el botín.

No por su parte del botín, cabe señalar, porque habrá que reconocer que MORENA y la 4T, con todo y sus errores (que los ha habido), no se ha servido con la cuchara grande. Monreal, por su parte, sí está acostumbrado a las ganancias inherentes de trabajar en las cúpulas del poder y de manejar a otros a su conveniencia.

La 4T ya demostró que sabe aceptar los inconvenientes y las metidas de pata pero la excesiva parsimonia en la diplomacia de cabeza fría de Sheinbaum y el despiste natural de la inexperta Luisa María Alcalde, podrían darle a Monreal un campo abierto para seguir explotando su vieja política plena de abusos y demagogia.

Es cuanto

Messy Blues

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

No hay comentarios.:

GeoReferencias